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Mi marido aseguró que su madre estaba sola, con el agua hasta las rodillas, y por eso le entregó cada peso que teníamos. No discutí; solo tomé las llaves y dije: “Vamos a rescatarla”. Cuarenta minutos después, él seguía vestido con botas de pesca cuando escuchó a su propia madre hablar de falsificar su firma.
PARTE 1 —Le entregué a mi mamá los 180,000 pesos que habíamos ahorrado para el coche —dijo Daniel desde la puerta de la cocina. Mariana dejó el cuchillo sobre la…